HISTORIAS OLÍMPICAS

RUBEN URIZA CASTRO

Rubén Uriza Castro, con “Hatuey” saltaron barras y castillos para lograr la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Londres 1948.-El, hombre, desciende de ricos hacendados de Guerrero, es sobrino de Abraham Castro y de Rosendo V. Castro, es pues, sobrino de caballistas de hombres de campo…El pequeño Rubén, será también hombre de a caballo.Porque el caballo lo es todo, allí, en la abrupta sierra guerrerense.

Allí, donde Rubén Uriza Castro, ha nacido, a él, el noble bruto, le fluye la historia por las venas. Es un alazán tostado, con un lucero en la frente, hijo de padre árabe y madre pura sangre, nace en Chihuahua y es todavía un potrillo cuando se marca su destino: será caballo de salto, sólo mide 1.52 metros de alzada, pero es largo y fuerte. Y también valiente y de indómito temperamento.

Como aquel cacique cubano que en 1515 pagó con la vida su rebeldía ante los españoles, por eso, quizás, le han llamado “Hatuey”.Cuando hombre y caballo se encuentran, a finales de 1947, emprenden una veloz carrera hacia la inmortalidad, la alcanzan poco después y en tierras muy lejanas:Sábado 14 de agosto de 1948, Estadio Wembley, en Londres, día final de los XIV Juegos Olímpicos.

Ochenta mil espectadores colman las gradas porque hoy no presenciarán únicamente la ceremonia de clausura, sino también la última prueba de los Juegos: el Premio de las Naciones.Y Alberto Valdés, capitán del Ejército Mexicano, ha cubierto su recorrido, montando a “Chihuahua”, cometió 20 faltas, binomio que también viene de México: sobre el lomo de “Hatuey”, el también capitán Rubén Uriza, se lanza contra la pista. Y nos comenta:–”Al revisar la tabla de posiciones, me di cuenta que podíamos luchar por la medalla de oro por equipos. Así que traté de asegurar ese resultado, ‘ Hatuey´’ me respondió muy bien y sólo derribé dos barras para ocho faltas, lo que me colocó en muy buena posición: empatado en primer lugar individual con el francés D’Orgeix y el estadounidense Wing.”

En la Ronda de desempate, la gente vuelve a tomar asiento. Y a guardar un silencio absoluto.

El primero es D’Orgeix, enfila a “Sucre de Pomme” y emprende la carrera. Cinco obstáculos son salvados limpiamente, pero cae una valla del sexto; cuatro puntos de penalización, le sigue Franklin Wing –previamente señalado como favorito para ganar la competencia–. El militar estadounidense espolea a “Democrat”. Y allá va… Falla, como D’Orgeix, solamente en el sexto obstáculo, empata, pues, en faltas. Pero ha invertido más tiempo que el francés.Y entra en acción, ahora, sí, el último de los 4 mil 500 deportistas que han competido en la justa olímpica: Rubén Uriza.–dice–“Y logré una pista limpia. ¡la única que se dio en esos Juegos! y el oro para México”.

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