HISTORIAS OLÍMPICAS

JOAQUÍN CAPILLA

Joaquín Capilla es hasta el momento el máximo ganador mexicano de preseas olímpicas. El clavadista mexicano, nacido el 23 de diciembre de 1928 en la Ciudad de México, obtuvo la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Londres en 1948, la medalla de plata en Helsinki en 1952 y la medalla de oro en Melbourne 1956. Toda una exitosa trayectoria deportiva y supo vencer el miedo a las alturas, ya que su padre fue su gran impulsor.

En la casa del doctor Alberto Capilla todo era permitido, y decía: “Que salten sus hijos, incluso que vuelen y trepen por los árboles, que se suban a la azotea, que enfrenten el peligro, así, con naturalidad, y que lo venzan…Filosofaba: “Hay que educar a los hijos de tal manera que sepan vencer el miedo, y que sepan vencerlo por ellos mismos, sin ayuda de nadie.

Y cuando alguien intentaba convencerlo de lo contrario, replicaba el doctor: “Nada, nada… yo también fui niño y muy travieso”. Trataba, en todo momento, de dominar esa tendencia natural al miedo ante el peligro. Para Capilla, su gran maestro en ejecutar clavados fue Mario Tovar, quien cosecho sendos triunfos tanto en Juegos Centroamericanos como en Juegos Panamericanos.

Capilla, el multimedallista nos da un excelente momento de reflexión, pues reconoce que tuvo un solo tropezón en su vida: Y dice entonces: “Había aprendido a ser campeón, a ser medallista, a ganar, para ello seguí muchos consejos. Sin embargo, núnca se me acercó a mí, alguien que me previniera, que me hiciera ver que igual debía de prepararme para enfrentarme a la vida en cuanto terminase mi carrera deportiva. Y me pasó lo que a muchos cuando llegan de novatos a campeones, y la fama los envuelve, hasta perderlos.

Esto no es fácil de entender, pero la verdad me deslumbré porque no estaba preparado para el mundo irreal de la gloria. No estaba maduro, me volví altivo, soberbio, egocéntrico. Nada me merecía, empecé a ser rechazado y entonces me dio por beber. Y ahí acabé con todo. Caí en la penosa enfermedad del alcoholismo que me afectó física, mental y espiritualmente.

Perdí todo; mi prestigio, mi dignidad, el respeto de los demás, mi familia, mi matrimonio; abandoné a mi esposa y a mi hija. Los periódicos ya no hablaban del campeón olímpico, sino del borrachazo de Capilla.

Y si Joaquín, recorrió en doce años el camino a una medalla olímpica de oro, le tomó trece transitar por el sendero del vicio hasta llegar a su liberación.

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