HISTORIAS OLÍMPICAS

JESÚS MENA CAMPOS

¡Qué bruto! ¡A los 17 años haber prometido una medalla olímpica!
En 1986: año en que cumplió la mayoría de edad, Jesús Mena Campos, atrás quedaban ya las competencias infantiles y juveniles. Se iniciaba de hecho, una nueva carrera. El primer paso fue firme: Campeón nacional en trampolín y subcampeón en plataforma; segundo lugar en plataforma y noveno en trampolín, en la fase Vancouver del Can-Am-Mex, y en la fase México, primero en plataforma y segundo en trampolín; en el Mundial disputado en Madrid, vigésimo en trampolín y decimocuarto en plataforma.
Y más reconocimientos: el propio presidente Miguel de la Madrid le hace entrega del premio Luchador Olmeca, concedido por la CODEME, y el CREA le otorga el premio Francisco J. Múgica, por considerarlo el mejor clavadista del año.

1987: año preolímpico; año de avances:

Ascenso evidente en el Can-Am-Mex: en la fase Vancouver, duodécimo en trampolín y sexto en plataforma; en Fort Lauderdale, sexto y segundo; y en México, dos segundos lugares; séptimo en trampolín y noveno en plataforma, en Rostock, Alemania Oriental, y sexto y octavo en el torneo Golondrinas, en Moscú; campeón nacional en trampolín y segundo en plataforma, en el CDOM, e idénticos resultados en el Festival Olímpico, en el mismo escenario. Es el abanderado de la delegación mexicana que compite en los Juegos Panamericanos de Indianápolis y se le considera entre los posibles medallistas, pero finaliza quinto en plataforma y séptimo en trampolín.

Mena:

–Peleaba la medalla de bronce con muchas probabilidades de ganarla. Pero por quererlo hacer tan bien en mi último clavado, me pegué ligeramente en la plataforma. Obtuve una mala calificación y me fui hasta el quinto lugar…

1988: año olímpico; intenso:

Mena:

Notable superación en el Can-Am-Mex: octavo en trampolín y segundo en plataforma en la fase Vancouver; en Fort Lauderdale, decimotercero en trampolín y segundo en plataforma –superado sólo por Greg Louganis–, y en México, primero en trampolín y segundo en plataforma; duodécimo lugar en trampolín y sexto en plataforma, en el torneo Golondrinas, en Moscú; en Rostock, Alemania Oriental: decimocuarto y segundo, respectivamente; doble campeón nacional en el CDOM… Y a escasos dos meses de la justa en Seúl, tercero en trampolín y quinto en plataforma en la Copa Suecia; quinto en trampolín en la Copa Austria y en Bolzano, Italia, cuarto en trampolín y ¡campeón en plataforma!

Clavadista ya, de primer nivel.

Y con una marcada tendencia a progresar en la plataforma.

Llega pues, a Seúl, con estos números obtenidos en doce años como competidor:

Campeón nacional en 23 ocasiones y siete subcampeonatos; seis títulos del Can-Am-Mex y 12 subcampeonatos; cinco primeros lugares y cinco segundos en los Campeonatos Centroamericanos y del Caribe; tres títulos en mundiales infantiles y juveniles, y tres segundos lugares.

–Podría decirse que ya estaba dentro de los mejores clavadistas del orbe. Estar en la final de cualquier competencia había sido siempre mi meta y lo había logrado en cada uno de los últimos torneos.

Ya a la vista las tierras orientales de Seúl, Mena se dedicó únicamente a afinar detalles.

–Estaba escarmentado de entrenar fuerte antes de viajar –relata–. Porque siempre antes de un viaje, o el día previo a la competencia, algo me sucedía, como en 1979, cuando me rompí la mano en Stuttgart; en otra ocasión, me volé una uña del pie derecho; en otra, me di un golpe con la tabla en la cabeza… No, ya no, pero para nada: en el día previo a cualquier competencia, ya ni me muevo; prefiero descansar para que no me pase nada.

No obstante eso, fue amargo el viaje a Seúl: lo haría sin la compañía de Gustavo Osorio, su entrenador de siempre.

Recuerda Mena:

–Inclusive, Gustavo había firmado ya su carnet de acreditación, pero a último momento las autoridades deportivas no consideraron necesario que él fuera a Seúl. Me dolió más que nada, la actitud un poco obcecada de ciertos dirigentes; sin embargo, no podíamos quedarnos sin luchar: Gustavo me preparó una rutina especial para entrenar y la seguí fielmente; tanto, que sentía como si en realidad él me hubiera estado dirigiendo desde las tribunas.

SEUL, 1988

Abre Seúl sus Juegos, los de la XXIV Olimpiada con un cántico al sol y a la solidaridad humana.

Dos días después, el 18 de septiembre de 1988, Jesús Mena hace frente, airosamente, a su primera competencia olímpica: clasifica para la final de trampolín, acompañado por Jorge Mondragón. Sólo Estados Unidos, México y China colocan a sus dos clavadistas entre los doce mejores. Un par de días después, la final:

Mena cumple con salida y evolución en el salto, pero tiene una falla constante: su entrada al agua. A pesar de esto, termina en séptimo lugar, un sitio detrás de Jorge Mondragón.

Mena:

–Dije allá, que el solo hecho de haber clasificado a la final era muy honroso. Y alcanzar el séptimo sitio olímpico me parecía más que aceptable. Pero lo mejor había sido que competí sin presión. Me decía: “si tiras mal, muy mal, serás el doceavo mejor del mundo, pero si lo haces aceptablemente, puedes obtener el pase a los Juegos de la Amistad que serán en Seattle en 1991. Así que debes echarle todas las ganas para estar dentro de los ocho mejores”. Lo logré, aunque me quedó la sensación de que me faltó experiencia, saber competir y tener más confianza para mejorar mis saltos.

Habría una segunda oportunidad: la plataforma de 10 metros.

Está aquí, en la fosa del complejo de Chamshil, a la vera del legendario río Han, de aguas tranquilas y resplandecientes; de cara al sol de todo el día.

El día 26, las eliminatorias…Después de un comienzo apenas regular en los clavados obligatorios –que los situaron en los lugares 13 y 20–, Mena y Mondragón reaccionaron por la noche en los libres y volvieron a clasificar a una final.

Así pues, la situación: Mena, 520.4 7 puntos; Hempel, 520.41; Tchogovadze, 514.72. Y allá va…Clavado de 3.2 grados de dificultad: tres y medio giros y una vuelta y media atrás. La salida es buena, correcta la ejecución y mejor la entrada. Ya… Parece suficiente. Mena lo sabe. Y lo siente también Salvador Sobrino, su entrenador asistente aquí –por esas incongruencias de nuestro deporte, de sus dirigentes, su forjador y maestro Gustavo Osorio no viajó–. Mena se abraza a él con serena satisfacción. Hay que esperar aun… Y ahí están las calificaciones, con sietes y medios y ochos dominantes. Total: 73.92. Sí. Parece, parece…La resolución no tardará en darse: El soviético Tchogovadze con un clavado de tres y media vueltas adentro en posición C.

Nada… Aunque la ejecución ha sido buena, la entrada se queda lejos de lo hecho por el mexicano. Un 71.04 que acerca más a Mena al bronce.

Y ahora el alemán democrático Hempel.

Otro clavadista muy joven. Hempel, con 17 años de edad.

Igual que Mena, Hempel elige tres y medio giros con una y media vueltas atrás. 3.2 grados de dificultad.

Pero nada tampoco… Hempel ha tenido una mala salida que no alcanza a recomponer y termina con una deficiente entrada. 63.36 es la calificación.

No hay más espera. Jesús Mena ha ganado la medalla de bronce con 594.39 puntos.

En segundo lugar finalizó el chino Ni Xiong, quien fue el líder hasta el décimo y último clavado, con 637.47 puntos. Greg Louganis vino de atrás para imponerse con un total de 638.61 puntos, y se proclamó, como en Los Angeles ‘84, doble campeón olímpico. Poco después anunció su retiro de las competencias.

Los diez saltos que Jesús Mena ejecutó en su camino hacia la medalla:

Vuelta y media al frente, vuelta y media adentro, holandés simple, vuelta y media al frente con un giro, parado de manos con corte y vuelta y media de holandés, tres y media vueltas atrás, tres y media vueltas al frente, tres y media vueltas en holandés, tres y media adentro, y vuelta y media atrás con tres y medio giros.

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