HISTORIAS OLÍMPICAS

CARLOS GIRÓN GUTIÉRREZ

Para Carlos Girón, fueron hechos que marcaron su vida, que lo impulsaron hasta una medalla olímpica. Y su vida empieza Acapulco, 1964, su delgada voz era un cántico a los turistas: –¡Hey, mister, one coin to the water! Y los turistas arrojaban las monedas al mar., era, entonces, una parvada de chiquillos la que se tiraba de cabeza en el malecón.

Había que llegar primero; alcanzar la moneda que ganaba fondo…Carlos Girón era uno de ellos. Tenía apenas 10 años de edad. Allí, en el bello puerto del Pacífico, aprendió a nadar.

–Tragué cantidades industriales de agua salada, me hundí cientos de veces en el bravío oleaje del puerto, pero lo hice: aprendí a nadar. Porque sólo así podía estar con mis amigos, de vagos, cuando salíamos de la escuela. Pero nadar no me atraía; lo que más me gustaba era tirarme del trampolín, de las rocas, del malecón…

Porque lanzarte de clavado es como volar, y el encuentro con la masa sólida, y la sumersión… Todo eso es indescriptible. Yo me lanzaba muy bien. Desde entonces sentí una fascinación especial por ir de cabeza, el cuerpo en libertad, al encuentro con el agua.

México, D.F., 1968.-Dos años antes ha obtenido ya Girón el campeonato Centroamericano Infantil de clavados –El Salvador–. Ahora participa en los ensayos de la ceremonia inaugural del torneo de clavados de los Juegos Olímpicos a celebrarse en México.

–Se trataba de representar a un clavadista de cada país que acudía al torneo olímpico. A mí me tocó el de Estados Unidos. Me gustó actuar. Lo sentía. Me posesioné tanto del personaje que pensaba que en verdad era yo quien se encontraba a unos minutos de la competencia

Después me preguntaba a mí mismo: “¿Cuándo llegaré a esto?” Y cuando lo platicaba con Jorge Rueda, me decía él: “Llegarás, sé que llegarás… ¡Juntos lo lograremos!”

Dicen que la historia de los clavados se divide en tres nombres: Joaquín Capilla, Klaus Dibiasi y Greg Louganis…

Munich ‘72: Ahora se disputa la final de la plataforma de 10 metros, y Dibiasi, campeón olímpico cuatro años antes, en México, es el líder.

Pero enfrenta la tenaz oposición de este joven mexicano de apenas 17 años que, hace apenas un mes y medio, sorpresivamente lo ha derrotado en la tradicional competencia de Suecia.

Llegan al último clavado separados por una mínima diferencia: Dibiasi aventaja por sólo tres puntos. Un buen lanzamiento y…Dos vueltas y media de holandés. El mejor clavado de Girón. Cientos de veces ejecutado con gran limpieza.

Carlos Girón Gutiérrez
Pero ahora… ¿Tal vez la presión? El giro es demasiado fuerte y muy alto. Girón cae casi de espaldas. Puntuación mínima.

Del segundo lugar se va hasta el octavo. De la posibilidad de una medalla de oro, a las manos vacías; al espíritu vacío… A dos horas de llanto, solitario, en su vestidor.

A las ganas de mandar todo al demonio… Y, finalmente, al encuentro con un niño, mexicano también, que pacientemente esperó hasta verlo aparecer por aquella puerta. Le dijo, entonces:

–Híjole, Carlos… iQué padres clavados te echaste! Y ese último también estuvo padrísimo… Lo que debe de haber pasado fue que la alberca estaba muy arriba; si hubiera estado un poquito más abajo, te sale derechito, derechito.

Girón: Fueron las palabras mágicas. Me levantaron; me puse a reír. Fue algo muy impactante para mí el ver a ese pequeño que, pese a todo, me felicitaba. Fue mi punto de partida para olvidar la terrible falla. Lo dicho por ese niño y por Jorge Rueda me hicieron prometerme a mí mismo que nada me apartaría de mi gran ilusión: conquistar una medalla olímpica.

La lograría ocho años después, en tierras moscovitas. Las experiencias de Munich y Montreal aportaron un valioso cúmulo de vivencias para Girón…Ahora, más maduro, emprendió de nueva cuenta el largo camino hacia unos Juegos Olímpicos. Otros cuatro años hasta llegar a Moscú 1980.

EL MOMENTO OLIMPICO

Ya pasaron las eliminatorias; hoy es 23 de julio de 1980. Carlos Girón llega a la final en trampolín de 3 metros con una inmejorable preparación. Cada detalle, técnico, táctico,físico, atlético y anímico, ha sido mil veces revisado y perfeccionado. Tiene la experiencia de dos Olimpiadas y a su lado está quien lo acompaña desde hace 14 años: Jorge Rueda…Sólo falta un compromiso: saltar. Y hacerlo bien, muy bien.

El complejo deportivo de Moscú luce esplendoroso. Al lado de la fosa, la alberca olímpica, en la cual las nadadoras de Alemania Oriental cosechan victorias y arrancan las exclamaciones de júbilo… Estas, que destrozan el que debería de ser silencio sepulcral del escenario de los clavados.

Ya se lanza al agua el primer finalista…Ya estamos en plena competencia, de aquí saldrán tres ganadores.; de inmediato, Carlos Girón, Alexander Portnov, el italiano; Giorgio Cagnotto y el germano oriental Falk Hoffman se separan del grupo.

La calidad es evidente. Pese al boicot. Pese a Carter.

Girón se coloca al frente al culminar la ronda de cinco saltos obligatorios, que ejecuta con gran limpieza, en este orden: al frente en posición A, atrás simple en B, inverso simple en B, vuelta y media adentro en B, y vuelta y media al frente con un giro. Su más cercano perseguidor es el soviético Portnov.

A continuación, los clavados libres. Los de Girón: dos vueltas y media con un giro, dos vueltas hacia atrás en posición C, dos vueltas y media hacia adentro en posición C, una vuelta y media al frente con tres giros y, finalmente, tres vueltas y media al frente en posición C.

Girón: “La lucha había sido muy fuerte. En la penúltima ronda me alcanzó Portnov. Teníamos los mismos puntos. Y como estábamos tan adelantados, la pelea por el oro sería entre nosotros dos. Y llegó el momento decisivo para él. Su décimo clavado. Dos vueltas y media inversa en posición B.

En esos momentos se había registrado un récord en la alberca, y hubo una exclamación general. Pero, de cualquier manera, Portnov se lanzó. Y ¡vámonos!, que cae de espaldas. Lo había perdido todo.

Como yo, hacía ocho años. Salió cabizbajo de la fosa. La frustración del público fue evidente. Pero, de pronto, los delegados soviéticos comenzaron a protestar. Arguyeron que el grito en la piscina había perturbado a Portnov. La presión se hizo más fuerte a cada instante, y los jueces finalizaron por ceder.

Concedieron a Portnov otra oportunidad, y éste la aprovechó perfectamente. Subió al trampolín y tuvo mucho tiempo para preparar su salto; lo corrigió y, finalmente, lo ejecutó muy bien. Y ganó la medalla de oro. La que ya había perdido. La que me pertenecía.

Las puntuaciones fueron muy cerradas: Portnov: 905.02 puntos; Girón: 892.14; Cagnotto: 871.20.

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