El 14 de agosto de 1948 fue memorable para la equitación mexicana, ya que este día, en la clausura de los Juegos Olímpicos Londres 48, hubo dos medallas de oro: en la prueba de salto por equipos y la de Humberto Mariles, en salto individual, en el Gran Premio de las Naciones.
Humberto Mariles Cortes (montando a Arete), Ruben Uriza Castro (Hatuey) y Alberto Valdez Ramos (Chihuahua), estallaron en júbilo tras su oro por equipos en el pasto sagrado de Wembley, en una justa olímpica en la que Alemania y Japón no fueron invitados, ingresaron los países comunistas a la competencia, y sus atletas registraron récords de deserciones.
El Comité Olímpico Internacional no quería perder más tiempo y persuadió a los ingleses a aceptar la sede de los Juegos de 1948, a pesar de que Londres había quedado prácticamente destruida por los bombardeos de la recién terminada Guerra Mundial.
En el Gran Premio de las Naciones, México tuvo una situación cómoda tras los primeros recorridos: Alberto Valdés cometió 20 faltas y Rubén Uriza ocho para acumular 28 y colocarse al frente con amplia ventaja sobre España (56.6 puntos). Solamente una muy irregular actuación de Humberto Mariles y su caballo tuerto Arete, podrían dejar escapar el oro.
Todo marchó muy bien, sin faltas, hasta que el binomio llegó a la peligrosa ría que no consiguieron salvar y cayó en medio del foso de 4.5 metros de longitud. Pero Mariles siguió adelante y materialmente Arete voló sobre ese muro de ladrillos y correr hacia la recta final.
Mariles, con apenas 6 ¼ puntos de penalización (4 por su caída y 2.5 por excederse en el tiempo del recorrido) dio a México la primera medalla olímpica de oro, que había llegado en pareja: en individual y por equipos.
Con lo realizado por el binomio, la premiación entera fue para México, ya que Rubén Uriza ganó plata. La primera medalla olímpica de oro, para nuestro país, había llegado en pareja, con Mariles y por equipos.
Fue un día inolvidable para el equipo nacional ecuestre, vitoriado en Wembley por unos 150 aficionados mexicanos, que enloquecidos por el triunfo, lanzaron sus sombreros al vuelo, gritaron varias veces de manera ensordecedora ¡Viva México!, y nunca se cansaron de aplaudir.
Tras la ceremonia de premiación, la gente invadió el terreno de la competencia para estar cerca de sus nuevos héroes: Humberto Mariles y Arete, este caballo que fue el único de los 44 inscritos en la competencia, que supo sobreponerse a una caída en la ria para librar, casi sin impulso, el muro final.
De esta forma, el equipo ecuestre se ganó un lugar en la historia del deporte nacional, eso se notó cuando regresó al país, tras un tumultuoso e inolvidable recibimiento del pueblo mexicano en la estación de ferrocarriles.
Los jinetes fueron transportados en vehículos descubiertos, y a su paso volaron flores y hubo muchas porras.
(Usted puede conocer más de este ejemplar deportista mexicano en la página de Medallistas Olímpicos)